m. Unión carnal ilegítima de hombre con mujer siendo alguno de los dos o ambos casados.

    sustantivo masculino ( m.) Mantenimiento de relaciones sexuales extramatrimoniales, estando casado el hombre, o la mujer, o ambos.
    • Falsificación, mixtificación. ¤ ADULTERINO, NA ; ADÚLTERO, RA .

    adulterio en el Derecho Usual

    El acceso carnal que un casado tiene con mujer que no sea la legítima, o una casada con hombre que no sea su marido. Constituye una violación de la fe conyugal. Se considera por la mayoría de las legislaciones como delito; pues va contra la unidad y la santidad del hogar, contra los deberes conyugales y contra la base de la familia.
    Uno de los deberes del matrimonio es la fidelidad que el hombre y la mujer se deben, obligación igual para uno y otro cónyuge; por más que generalmente no se considere adulterio si no el cometido por la casada.
    A este respecto, la ley 1* del tít. XVII, de la Part. MI, dice; "Adulterio es yerro que el hombre hace yaciendo a sabiendas con mujer que es casada con otro; y tomó eete nombre de dos palabras del latín:
    alterius y torus, que quiere tanto decir en romance como "lecho de otro"; porque la mujer es contada por lecho de su marido, y no él de ella. Y, por ende, dijeron los sabios antiguos que maguer el hombre que e© colado yaciera con otra mujer, maguer que ella tuviese marido, que no le puede acusar su mujer ante el juez seglar por tal razón... Y esto tuvieron por Derecho los sabios antiguos por muchas razones: la una, porque del adulterio qué hace el varón con otra mujer, no liacc daño ni deshonra a la suya; la otra, porque del adulterio que hiciese la mujer con otro, finca —(queda) — el marido deshonrado recibiendo la mujer a otro en su lecho; y, además, porque del adulterio que hiciese ella puede reñir al marido muy gran (laño, casi se empreñase de aquel con quien hizo adulterio, vendrá a ser el Hijo extraño heredero en uno con sus hijos. Lo que no vendrá a la mujer del adulterio que el marido hiciese con otra" Casi sin excepción, en todos los pueblos ha sido castigado el adulterio como uno de los más graves delitos. La pena señalada era la de muerte, sobre todo en el matrimonio monógamo. Se adoptaron otras disposiciones, penales también, para convertir la falta íntima en publica afrenta. Se toleró hasta la impunidad, de no estimularse como inexcusable deber, el uxoricidio, la muerte violenta de la adúltera, y la de su cómplice por añadidura. Con el tiempo, las sanciones se han ido suavizando, y hov algunas legislaciones ni siquiera admiten cual delito el adulterio; pero se mantiene como causa de divorcio o separación, (v. el art. 67 de la Ley de matr. civ. arg.) Una ojeada retrospectiva confirma el rigor general hasta época, cercana. En la India, las Leyes de Manú disponían que la adúltera fuera devorada por los perras, y que el amante muriera quemado. Los egipcios antiguos aplicaban también la pena de muerte; pero en tiempos de Herodoto se limitaban a arrancarles la nariz a la mujer y a azotar a su cómplice. En la China eran también matados los adúlteros, con diversos refinamientos en los suplicios. En Asiría, la mujer podía acusar al marido por su infidelidad, que le acarreaba morir abogado« Entre los árabes, pese a la poligamia (que parecería favorable a la tolerancia sexual), la pena primitiva era la de prisión perpetua; luego se introdujo la de muerte, siempre que constara el adulterio por cuatro testigos, requisito entre excesivo e irónico.
    Entre los judíos, aunque hay ejemplos de muerte por el fuego, los adúlteros sufrían la lapidación: la muerte a pedradas. Este adulterio era el estricto contra la fidelidad conyugal; ya que a la palabra se le dan én la Biblia otras tres acepciones: a) idolatría, por la especie de matrimonio de la alianza de Jehová con su pueblo; b) corrupción en general, como falsedad al "adulterar la palabra de Dios", como se lee en la segunda de las epístolas de San Pablo a los corintios (cap. II, vers. 17); c) degeneración de familia o raza, "la mala y adúltera" que pedía un milagro (San Mateo, cap. XII, vers. 39).
    Jesucristo» que eleva el matrimonio a sacramento, y lo funda en la monogamia, en la fidelidad y en el amor de los cónyuges, no establece condena estricta para los adúlteros; y aun perdona, entre el asombro y la indignación de sus enemigos, a la muja? adúltera, al menos por no menos impura que otros pecadores.
    En Grecia, a la pena capital o a la libre venganza del marido, se añadían penas infamantes como previas a la ejecución o como reemplazo de la* mismas; tales, el exponer a los adúlteros al escarnio c irrisión del pueblo, a la afrenta de pasearlos en asno, a ser coronados de lana. En Esparta, por testimonio de Jenofonte, el adulterio era consentido; y Licurgo no estableció pena contra él.
    En Roma, luego de la virtud de las primitivas costumbres, se concedió al marido, pues su infidelidad no se tenía por punible, el Derecho de matar a su mujer sorprendida en flagrante adulterio, y el de vengarse a su antojo del amante. La venganza pertenecía también al padre cuando la hija estuviese aún bajo su potestad. La degeneración, posterior de las costumbres explica la promulgación de la Lex Julia de fundo dotali y la de la Lex Julia (le udultcriis (v.e.v.) y «juc convertían el adulterio en delito público, con facultad de ser acusadores incluso quienes no fueran ni el marido ni el padre de la adúltera. De ser ésta convicta de adulterio, perdía hasta una mitad de su dote, era confinada en una isla, no podía contraer nuevas nupcias (aunque sí concubinato), ni testificar, perdía la estola de las matronas y tenía que llevar la toga de las cortesanas.
    En la época de Constantino y de sus hijos, las ponas, por influjo del cristianismo triunfante, y para salir al paso de la corrupción del paganismo docadcnto, fueron do nuevo ©evorísimas, El amante era muerto a espada, y sus bienes eran confiscados; la mujer era desterrada, salvo adulterar con el esclavo, en que ella sufría la muerte, y él también, en la hoguera. El adúltero sufría la misma pena que el parricida. Teodosio impuso que los amantes adulterinos fueran llevados con campanillas a un prostíbulo. También se equiparó el adulterio al matrimonio de cristiano con judía.
    Justiniano permite la repudiación por adulterio.
    El cómplice sufre la muerte; pero no se le confiscan sus bienes si tiene descendientes. La mujer, recluida en un monasterio, podía ser sacada luego de una penitencia de dos años por el marido; de no hacerlo, su reclusión se convertía en perpetua; perdía la dote a favor del marido, y su restante patrimonio pasaba al monasterio, salvo tener ascendientes o descendientes, en que éstos tenían derechos, respectivamente, a un tercio o a dqs terceras parte© de lo© bienes.
    La impunidad del marido por su adulterio se fundaba nc sólo en un concepto social, sino en una razón jurídica: la de carecer la mujer de capacidad para acusar.
    En el Dcrccho histórico español, el Fuero Ilcal entregaba los adúlteros al marido, que podía disponer a su arbitrio de vida y bienes de ambos; pero no podía matar a uno y dejar vivo al otro. De faltarle ánimos o posibilidades, ¿supliría el legislador? Esa dualidad en el procedimiento, que se mantiene en casi todos los textos, por ser "él mismo el delito" (aspecto discutible también), no es humana; porque el marido, pese a haber sido más ofendido por su mujer, puede reaccionar con piedad ante ella, quizás U madre de sus hijas innegables, y no contra el extraño y destructor de su hogar, y mayor responsable por la iniciativa de la seducción.
    El Ordenamiento de Alcalá permitía matar a ambos amantes, cogidos en flagrante delito; pero no a uno solo. También podía el marido, engañado y desengañado, acusar y probar el delito, en cuyo caso los tribunales le autorizaban, con entrega de la persona y bienes de los amantes, a qué procediese según quisiera. La muerte de uno solo de los adúlteros se prohibía para impedir la confabulación del marido cón tercero, para enviudar (y heredar así a su mujer, contraer nuevas nupcias o librarse de su ingrata convivencia) ; y también porque se suponía factible el concierto conyugal para hacer caer a un tercero en una encerrona, con señuelo tan atractivo.
    La ley 82 de Toro no adjudica al marido que mata a lo© adúltero© ¡n fraganti ni 1» dote de su mujer ni los bienes del amante.
    Notabilísima, por la enorme experiencia que el confesonario proporciona para el conocimiento psicológico o de la humanidad, y más en esta materia, ?9 la posición do la Iglesia Católica con rospocw al adulterio, menos "gazmoña" de lo que pueda pensarse: ya que en algunas ocasiones "lo comprende", y no valora de manera igual todas las faltas a la fidelidad conyugal. Dejando a un lado el problema estrictamente del pecado, y centrando la consideración en la materia de la separación conyugal perpetua, sin derecho a nuevas nupcias, por supuesto, ni a favor del inocente, exige estos requisitos: 19 que sea real o consumado: Nno basta la intención, ni la tentativa, ni la práctica de otros actos deshonestos que no sean la cópula carnal, pero la sodomía y la bestialidad se equiparan al adulterio; 29 ha de ser formal; es decir, que al infractor le ha de constar que existe el vínculo; por tan- *to, el error acerca de la supervivencia del otro consorte absuelve; 39 ha de 6er consciente; 49 ha de ser voluntario; 59 ha de ser cierto, ya por testigos (muy improbables) o por vehementísimas sospechas (pernoctar juntos, ser hallados en el lecho, vivir en compañía o solos los amantes, etc.).
    A esas bases de hecho, el canon 1.129 del Codex agrega cuatro requisitos de orden moral o de relación entre los cónyuges: a) qjue el adulterio no haya sido provocado; b) que no haya sido consentido; c) que no esté compensado; d) que no esté perdonado.
    Existe provocación cuando el "inocente" ha ordenado su ejecución; srba inducido a ello; cuando se niega reiteradamente al débito; o lo tolera con frialdad o protestas; si declara que no se daría por agraviado, sobre todo si se evita la posible prole.
    Existe consentimiento cuando ae favorece, bien por intimidades peligrosas con personas del sexo opuesto, con palabras expresas o lucrándose de cualquier forma.
    La compensación procede de haber incurrido ambos .cónyuges en adulterios por sn cuenta, sin establecer relaciones matemáticas ni cronológicas, al menos hasta la interposición de la demanda o la ruptura de la cohabitación.
    El perdón, que exige siempre el conocimiento, puede ser expreso o tácito. El primero puede manifestarse por escrito o de palabra; el segundo por actos: el principal, la petición o aceptación del débito, las manifestaciones de afecto íntimo (abrazo« o beeo«j regalo«). Cabe también «1 perdón presunto: al no interponer la demanda de separación dentro de los seis meses de conocer el adulterio, o de no abandonar o expulsar al adúltero. El Cód. Pen. arg. establece, como primer delito contra la honestidad, el adulterio; que castiga por su art. 118, con prisión de un mes a un año. Serán reprimidos con esa pena: lo La mujer que cometiere adulterio. 29 El codelincuente de la mujer. 39 El marido, cuando tuviere manceba dentro o fuera de la casa conyugal. 49 La manceba del maridó.
    Por tanto, el adulterio "variado" u "ocasional" del casado no constituye delito.
    El delito de adulterio sólo es perseguible por acción privada (art. 73 del Cód. Pen. arg.).
    "La acción por deljto de adulterio corresponde únicamente al cónyuge ofendido, quien deberá acusar a ambos culpables; pero no podrá intentar la acción penal mientras no se declare el divorcio, por causa do adulterio. La «entonela en el juicio de divorcio, no producirá efecto alguno en el jnicio criminal. El cónyuge que ha consentido el adulterio o lo ha perdonado, no tiene derecho a iniciar la , acción. La muerte del cónyuge ofendido extingue la acción pcnaVy hace cesar la ejecución de la pena" (art. 74). Por argucia o, por descuido del legislador, el precepto transcrito envuelve automáticamente la impunidad del adulterio; por la imposibilidad casi, apenas los abogados de los adúlteros sean hábiles o no muy diligentes los tribunales, de substanciar la causa civil en menos de los dos años que para la prescripción resultan de combinar el art. 62, n9 29, con el 118 del Cód. Pen.
    La jurisprudencia argentina entiende que, por las eartas dirigidas por la mujer a un supuesto amanté adúltero y, de las que resulta la confesión plena o insinuada, no cabo condenar por adulterio no constituye prueba suficiente. En cambio, cabe declararlo por un conjunto de presunciones graves y concordantes. No constituye unión adulterina la del matrimonio entre dos personas que han obtenido en país extranjero (el Uruguay, sin duda) el divorcio absoluto de nupcias anteriores celebradas en el país. La ley argentina juzgá tales matrimonios según ia buena o mala fe; y, en definitiva, sólo cabe considerarlos como concubinatos.
    En el delito de adulterio no cabe ni la frustración ni la tentativa, aun cuando la doctrina se encuentra algo dividida al respecto.
    El Cód. Pen. esp. de 1870 consagraba al delito de adulterio del art. 448 al 452. La reforma iniciada por la Ley de Bases de 1932 significó la supresión del adulterio como delito; que antes requería, para ser sancionado, la prueba de la cópula carnal. A los efectos de considerarla como causa de divorcio, la prueba se reduce; pues bastan indicios de que ha podido haber adulterio, tales como entrevistas en casa pública entre la mujer y su cómplice, etc. En el texto de 1944 se ha resucitado 1« penalidad del adulterio (arts. 449 a 452).
    Castigaban el adulterio, entre otros Códig09 Penales, los de Francia (arts. 336 y ss.), Bélgica (arts. 387 y ss.), Holanda (arts. 241 y ss.), Chile (arts. 375 y ss.), Paraguay (arts. 246 y ss.).
    Dos importante efectos de orden civil señala el Cód. esp. contra los adúlteros: una consiste en la prohibición de contraer matrimonio los adúlteros condenados por sentencia firme, se entiende en cuanto & casarse entre ñí y cuando k§ relaciona adúlteras han sido entre ellos (art. 84); asimismo, crea incapacidad para suceder al condenado en juicio con la mujer del testador, salvo perdón del ofendido (arts. 756 y 757).
    En todo caso, el adulterio es causa de divorcio no vincular, denominado separación simplemente, ya 5ra cometido por la mujer o por el marido, sin diferenciar por las circunstancias de comisión (nuevo art. 105, n. 1). Es, por tanto, causa de disolución de la sociedad conyugal y de pérdida de la patria potestad para el cónyuge culpable. Por último, aun cuando sea tan objetable, el adulterio no influye sobre la legitimidad del hijo, a tenor del extraño y clásico precepto del Cód. Civ. clt., que presume legítimo al hijo, aunque la madre declare contra la legitimidad o sea condenada como adúltera (art. 109). (v. ADÚLTERO, BIGAMIA, CONCUBINATO, DÉBITO CONYUGAL, FIDELIDAD, MANCEBA, DIVORCIO, MATRIMONIO.) (1253, 1255. 2367, 2.282, 2.283, 2.520, 3.891, 5.436.)
Tema: Derecho General, Enciclopedia Escolar, General, Que es

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Publicado el 5/06/2018.

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