sustantivo masculino ( m.) Acción y efecto de divorciar o divorciarse.
    Colombia (Col.) Cárcel de mujeres.

    divorcio en el Derecho Usual

    Del latín divortium, del verbo divertere, separarse, irse cada uno por su lado. Puede definirse como la ruptura de un matrimonio válido viviendo ambos esposos. Ello señala ya una distinción fundamental entre divorcio y nulidad de matrimonio en que no cabe hablar de disolución, por no haber existido jamás legalmente, a causa de impedimentos esenciales e insubsanables. Se distinguen tres especies de divorcio: 1* el divorcio vincular o propiamente dicho, que autoriza a ambos cónyuges, o al menos al inocente, para contraer nuevas nupcias si así lo desearen; está hoy admitido en la casi totalidad de los países; 2* la separación de cuerpos y de bienes, sin facultad para reincidir en el matrimonio, sistema de las legislaciones argentina, española, chilena y alguna otra; 3* separación de lecho y techo, o sea, de cohabitación en ambas acepciones de la voz, sin proceder a (¿individualización y separación patrimonial. Es forma atenuada de la precedente.
    La máxima enemiga del divorcio vincular ha sido y es la Iglesia católica, fundándose en las palabras divinas de que "no es justo al hombre separar lo que Dios ha unido", por el. interés de la familia y cual freno a la eventual corrupción de las costumbres. Sin embargo, la propia Iglesia concede el divorcio vincular, al menos en dos casos: en el de los infieles unidos por matrimonio cuando uno se convierte a la fe católica y el otro no quiera continuar en su compañía, en que el convertido puede casarse con otra persona, aun habiéndose consumado el matrimonio anterior; y, en segundo lugar, en el matrimonio entre católicos cuando no haya sido consumado y uno de los cónyuges haga profesión religiosa, aun contra la voluntad del otro, que puede entonces contraer libremente matrimon;o. Después de lo que precede, y aun sin ello, no podemos sino tildar de estupidez la afirmación fanática de que admitir el divorcio vincular es lo mismo que tolerar la poligamia. Quien tal afirma, y hay quien lo hace por escrito, arguye supina ignorancia: pues la poligamia implica simultaneidad de vínculo o disfrute igualitario de dos o.más mujeres; mientras el divorcio vincular, además de exigir estrictas causas, no "impone" sino un cónyuge, y castiga como delito la bigamia.
    El pueblo romano, como el griego, tuvo el divorcio, luego desaparecido, a impulsos del cristianismo, de los países católicos. El Fuero Juzgo admitía en España el divorcio absoluto por adulterio de la mujer, sodomía del marido, o si éste quisiera que su mujer adulterase con otro. Las Partidas suprimieron el divorcio absoluto. En el siglo xvi, la Reforma provocó un vivo movimiento a favor de la admisión del divorcio, que fué restablecido en los países protestantes. Desde entonces la corriente se ha mantenido favorable a la admisión del divorcio. En el presente, salvo contadas excepciones, se admite el divorcio absoluto en todos los países del mundo.
    El divorcio, que responde a lo inestable, muchas veces, de las pasiones humanas, es un remedio cuando la unión entre los esposos de hecho se ha roto, y la ley no hace sino reconocer las situaciones efectivas que se producen. El remedio de la separación no es suficiente, a juicio de muchos; pues se condena a los cónyuges a un celibato forzoso, se les pone en situación de tener relaciones ilícitas, con el problema grave de los hijos que como fruto de éstas puede haber. Las objecioijps nacidas de las creencias religiosas tienen su solución en el problema de conciencia propio de cada individuo; pero, como imposición, puede decirse que es absurdo mantenerlo. Todo el problema, en realidad, se reduce a la bondad de los preceptos legales: si éstos no consagran al matrimonio como institución necesaria y como cimiento de la familia, bien poca cosa puede hacerse. Por ejemplo, la ley española de divorcio ha sido de las mejores promulgadas y su aplicación por los tribunales, en forma consciente y conservadora, logró solucionar muchos problemas domésticos, sin que el número de divorcios fuera excesivo. Ni demasiados trámites ni excesivas facilidades, motivos bien determinados y justos, y exigencia de prueba en todos los casos es una de las fórmulas que mejor resultado Ea dado para la solución de este problema.
    Las grandes transformaciones operadas en el Derecho se han sentido en lo que hace al Derecho -de Familia. Así, de la indisolubilidad del vínculo matrimonial a la admisión del divorcio hay un profundo cambio. El divorcio, como se dijo, es admitido por la ipayoría de las naciones: únicamente salen de estas reglas Argentina, Chile, Paraguay en América e Italia y España (luego de 1939) en Europa.
    Tres principales tendencias aparecen en la legislación positiva de los distintos países: a) las que proscriben el divorcio, y admiten solamente la separación (caso de la Argentina); b) las que proclaman a la vez la existencia del divorcio y de la separación (régimen español establecido por la ley de 1932); c) las que tienen exclusivamente el divorcio.
    Cabe también .establecer las diferencias legislativas en cuanto a la exigencia de causa y admisión de divorcio sin causa, o sea por mutuo disenso, o a petición de uno sólo de los cónyuges (caso del Uruguay, en que el divorcio puede obtenerse por la simple manifestación de la mujer, sin alegación de causa).
    En el divorcio por mutuo disenso se sostiene que, siendo el matrimonio un contrato, éste puede disolverse por la simple voluntad de los contrayentes. En el divorcio por la simple petición de uno de los cónyuges se expresa la situación de inferioridad en que la mujer puede encontrarse; y para garantía de la institución, los plazos, antes de que éste se conceda, son largos. En el divorcio con causa determinada es necesario la prueba de la misma. Cabe, pues, consignar que hay un poco de anarquía en lo que se refiere al divorcio relacionado con los sistemas de los diversos Estados, como Rusia, México, Uruguay, España, Francia, Alemania, Argentina, etc., para consignar aquéllos que más disimilitud ofrecen unos con otros.
    Entrando en la legislación nacional argentina, cabe establecer que sólo se autoriza la separación personal de los esposos, sin que disuelva ésta el vínculo matrimonial. Así es que, aun cuando se hable de divorcio, no existe éste; sino simple separación, pues el divorcio indica la disolución del vínculo matrimonial, y expresamente la ley (art. 64 de la de matr. civ.) dice que no se disuelve el vínculo matrimonial.
    No hay divorcio, en la Argentina, por mutuo consentimiento, y las causas admitidas son: 1* adulterio de la mujer o del marido; 2* tentativa de uno de los cónyuges contra la vida del otro, sea como autor principal o como cómplice; 3* la provocación de uno de los cónyuges al otro a cometer adulterio u otros delitos; 4* la sevicia; 5# las injurias graves; 6* los malos tratamientos, aunque no sean graves, cuando sean tan frecuentes, que hagan intolerable la vida conyugal; V el abandono voluntario y malicioso (art. 67).
    En las convenciones matrimoniales, no puede renunciarse a la facultad de pedir el divorcio o separación legal admitida (art. 65). No se admite el divorcio por mutuo consentimiento, pues en todo caso ha de ser pronunciado por sentencia de juez competente (art. 66). El art. 531 del Cód. Civ. prohibe como condición la de tener que divociarse.
    Los principales efectos del divorcio son: 19 En cuanto al domicilio, la libertad de establecerlo cada uno de los cónyuges donde quiera; pero, de tener hijos a su cargo, se requiere licencia judicial para fijarlo en el extranjero, (art. 72 de la Ley de matr. civ.). 29 En cuanto a los hijos, el padre y la madre quedan sujetos a iguales cargos y obligaciones filiales que durante el matrimonio; los hijos menores de 5 años quedan a cargo de la madre, y los mayores de esa edad se confían al cónyuge que el juez considere más a propósito para su educación (arts. 78 y 76); la mujer recién divorciada, de creerse embarazada, deberá comunicarlo al marido o al juez dentro de los 30 días de la separación (art. 249 del Cód. Civ.) ; el marido y sus herederos tienen derecho a desconocer la paternidad del marido en cuanto al hijo nacido de la esposa luego de 300 días de separación. 39 En cuanto a los alimentos, el marido culpable del divorcio debe contribuir a la subsistencia de la mujer si ésta careciera de medios suficientes; además, cualquiera de los esposos, aun el culpable, tiene derecho a que el otro le provea de lo necesario para subsistir si ello le fuera de toda necesidad (art. 79 y 80 de la Ley de matr. civ.). 4? En cuanto a la sociedad de gananciales, la sentencia de divorcio no produce por sí la disolución de la sociedad conyugal en cuanto a los bienes, pero es título bastante para que el cónyuge inocente pueda pedir la separación patrimonial y la liquidación de tal sociedad (arts. 74 de la Ley de matr. y 1.306 del Cód. Civ.). 59 En cuanto a otros efectos patrimoniales, el culpable del divorcio pierde el derecho a suceder al otro cónyuge (art. 3.574); el cónyuge inocente puede revocar las donaciones y ventajas estipuladas en el contrato de matrimonio (art. 75 de la Ley de matr. civ.).
    En el juicio de divorcio se admite toda clase de pruebas, excepción de la confesión o juramento de los cónyuges (esta clase de prueba se admitía también en España); ya que, teniendo en cuenta que los hechos se desarrollan en la intimidad del hogar, es más difícil lograr la prueba de éstos. La acción de divorcio se extingue, y cesan sus efectos, cuando los cónyuges se han reconciliado después de los hechos que autorizaban la acción o. motivaron el divorcio. La ley presume la reconciliación cuando el marido cohabita con la mujer, después de haber dejado la cohabitación común; la reconciliación restituye todo al estado anterior a la demanda de divorcio, (v. ios arts. 64 a 71 sobre divorcio en general; 72 a 80, sobre los efectos del divorcio; 81 a 83, sobre la disolución del matrimonio, todos ellos de la Ley de matr. civ. arg.) Las causas de divorcio absoluto que la mayoría de las legislaciones admite son: adulterio; excesos y sevicias, injurias, hechos injuriosos, condena criminal, abandono. Cabe consignar que, entre los hechos injuriosos, hay una gran cantidad de situaciones, que en algunas leyes se desglosan, para constituir cada una de ellas, de por sí, causas de divorcio.
    Para el Cód. Civ. esp. son causas legítimas de separación, tras borrar en 1958 la palabra divorcio (que no era vincular), éstas: P El adulterio de cualquiera de los cónyuges. 2? Los malos tratamientos de obra, las injurias graves y el abandono del hogar. 39 La violencia ejercida por un cónyuge sobre el otro para obligarle a cambiar de- religión. 4^ La propuesta del marido para prostituir a su mujer. 5* El conate del marido o de la mujer para corromper a sus hijos o prostituir a sus hijas y la connivenció en su corrupción o prostitución. 6* La condena del cónyuge a cadena o reclusión perpetua" (art.
    105).
    En cuanto a la competencia, el -art. 68 del Cód. CÍY. determina que sólo ante los tribunales ordinarios cabe obtener los efectos civiles de las demandas y sentencias de divorcio, con lo cual se refiere a los matrimonios así separados por fallo canónico, cuyo conocimiento respeta el art. 80 y ratifica el 82 al declarar que lá sentencia firme de nulidad o separación del matrimonio canónico se inscribirá en el Registro civil y se presentará al tribunal ordinario para solicitar su ejecución en la parte relativa a los efectos civiles .
    Cuáles sean estos efectos civiles los determinan otros preceptos del texto legal, como el 169, que priva de la patria potestad al cónyuge cúlpable de divorcio; el 855, que permite desheredarle por el otro cónyuge; el p52, que excluye de suceder al difunto consorte al cónyuge sobreviviente divorciado; los arts. 1.432 y 1.433, que permiten solicitar y obtener la separación de bienes a causa del divorcio; el 1.436, que entrega a la mujer la administración de su dóte y de los bienes que por liquidación de los gananciales le correspondan cuando el mmido haya dado causa para el divorcio.
    Finalmente, y ello vale como principio general para todos los aspectos del divorcio, la reconciliación de los cónyuges, durante la tramitación del mismo o luego de firme la sentencia y ya ejecutada, borra todos los efectos de la separación intentada o iniciada y restablece el matrimonio en la misma situación patrimonial y personal que antes de la tramitación judicial ¿el divorcio. Así lo consagra el art. 1.439 del Cód. Civ. esp. (v. CÓNYUGE, MATRIMONIO, NULIDAD DEL MATRIMONIO; SEPARACIÓN CONYUGAL y DE BIENES ENTRE CÓNYUCES.) (758, 1.496, 2.041, 3.198, 4.676.)
Tema: Derecho Civil, General, Que es

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Publicado el 13/06/2018.