m. Acción y efecto de nacer. Sitio donde brota un manantial. Principio de una cosa. Representación del nacimiento de Jesucristo en el portal de Belén.

    sustantivo masculino ( m.) Acción de nacer.
    • P. ant. , el de Jesucristo.
    • Lugar donde brota un manantial.
    • El manantial mismo.
    • Principio de una cosa o tiempo en que empieza. Representación plástica de la venida al mundo de Jesucristo.
    • Origen y descendencia de una persona en orden a su calidad.

    nacimiento en el Derecho Usual

    Acción o efecto de nacer. Comienzo de la vida humana, contado desde el parto, Procedencia de una persona, en orden a su familia y condición social. Sitio en que brota un manantial, una fuente, un río. Principio, origen.
    El nacimiento humano constituye un hecho trascen- dentalísimo, por cuanto da lugar a la existencia propia, a la de un ser fisiológicamente, y a la iniciación de la vida psíquica, más tardía por más sutil y compleja. Es el criterio que fija la edad, con todas sus repercusiones en la capacidad de las personas. Familiarmente determina, de modo automático, la condición de hijo y la recíproca de padre. Para el Estado, surge un subdito o un ciudadano más, que ha de identificar y amparar. En el orden sucesorio, y al menos en teoría, el nacimiento determina un heredero forzoso. En lo militar, establece la quinta o reemplazo a que se pertenece. Crea la perentoria obligación de inscribir el hecho en el Registro Civil. Origina una obligación alimenticia y protectora para los padres, para quienes les sustituyan o para la sociedad en su representación estatal.
    Efecto también capital que del nacimiento surge es la determinación de la nacionalidad, que, en los países territorialistas, adscribe la criatura al suelo donde ve la luz o viene al mundo; mientras perpetúa con la sangre el alma de los padres en los sistemas personalistas. Entre ambos criterios parece trazar una frontera singular el Océano Atlántico, ya que los nuevos pueblos americanos, por razones de formación nacional y escasa población relativa, tienden a proclamar nacional a todo el nacido en su territorio; en cambio, la tradicional Europa prolonga con la herencia fisiológica y los apellidos el sello de la patria. Así, el art. 17 del Cód Civ. esp. reconoce la nacionalidad española a los nacidos de padre o madre españoles, aunque el nacimiento se haya producido en el extranjero. Y si bien establece la nacionalidad de los nacidos en territorio español, aclara en el art. 18 que, de ser de padres extranjeros, lo que tienen es una opción; la cual deberán definir al año siguiente de su emancipación o mayor edad.
    Nacimiento no es perfecto sinónimo de existencia o de vida; puesto que el principio exacto de ella se encuentra en el momento misterioso o impreciso de la concepción, calculada normalmente en nueve meses antes del nacimiento; pero que los mismos textos legales acortan hasta seis y prolongan hasta diez, al tratar de los plazos en que, con relación a las nupcias, a la viudez o a la separación de hecho, debe estimarse legítimo a quien nace de un matrimonio, sin admitir ni la confesión del libertinaje hecha por la mujer, ni su condena por adulterio; salvo la imposibilidad del acceso conyugal en los lapsos legales que establecen la legitimidad de un nacimiento, de un hijo.
    En el Cód. Civ. esp.: "El nacimiento determina la personalidad; pero el concebido se tiene por nacido para todos los efectos que le sean favorables, siempre que nazca con las condiciones que expresa el artículo sife iente" (art. 29). "Para los efectos civiles, sólo se reputará nacido al feto que tuviere figura humana y viviere veinticuatro horas enteramente despendido del seno materno" (art. 30). Se reproduce la doctrina del art. 60 de la Ley de matr. civ. de 1870.
    No es la transcrita la única posición doctrinal acerca del comienzo de la personalidad; ya que algunos autores la fijan en el instante de la concepción, porque entonces se inicia realmente la vida. Esa tesis es rechazada por la generalidad de los tratadistas; pues, aparte la dificultad de concretar la concepción, al menos en los primeros días o semanas, en que la misma madre futura no lo advierte a veces, se destaca que el feto no tiene vida independiente de la mujer que lo ha concebido. Ulpiano considera al concebido como porción o viscera de la mujer. Otros someten el reconocimiento de la personalidad a tiempo posterior al nacimiento, ya que exigen la viabilidad; sin entrar en la teoría sociológica que regatea la personalidad hasta que se tenga conciencia jurídica, lo cual equivale casi a equipararla con la mayor edad. ^ La posición del Derecho español y la del argentino coinciden en líneas generales con el Derecho romano, porque estiman el nacimiento como base de la personalidad, pero con efectos retroactivos, o anticipados, para el concebido en cuanto le sean favorables. Tal posición, que la doctrina califica de ecléctica, es la dominante en la legislación positiva; aun sin los defectos del texto esp. sobre el plazo, intermedio en la instantaneidad vital, que acepta el art. 70 del Cód. Civ. arg., y la viabilidad o capacidad fisiológica para seguir viviendo, que es criterio del Cód. Civ. francés.
    En realidad, se han llevado a la ley las doctrinas del Derecho romano sobre la materia, las que Savigny resume en la siguiente forma: a) es preciso que el hijo sea separado de la madre; b) separado completamente; c) que viva después de la separación; d) que sea criatura humana. Respecto a lo primero, son indiferentes los medios que se empleen para obtener esta separación. Así, pues, en Derecho no se distingue el nacimiento natural del que se obtiene por una operación quirúrgica. Yélez, en la nota al art. 70 del Cód. Civ. arg., señala que "par* tener la capacidad de derecho, el hijo debe presentar los signos característicos de la humanidad exterior- mente apreciables; no debe ser, según la expresión de los romanos, ni monstrum, ni prodigium; pero una simple desviación de las formas normales de la humanidad, por ejemplo, un miembro de más o un miembro de menos, no obsta a la capacidad de derecho. Los textos no nos dicen por qué signos se reconoce una criatura humana. Parece que la cabeza debe representar las formas de la humanidad".
    El nacimiento, como hecho jurídico de tal repercusión individual, familiar y social, necesita ser probado. Fisiológicamente, la primera inspiración se considera el síntoma decisivo de la vida propia e independiente de la madre. En el Derecho romano ya se discutió con acaloramiento acerca de los signos de vida, al punto de dividirse en bandos contrarios los proculeyanos, que exigían como prueba del nacimiento el llanto u otra prueba, mientras los sabinia- nos aceptaban toda prueba sobre la vida del recién nacido, criterio este último acogido por Justiniano en el lib. IV, tít. XXIX, ley 3* del Código.
    Al hecho de la vida en sí se han agregado otras condiciones; la más frecuente, la ya señalada del lapso. El Fuero Juzgo exigía nada menos que diez días de vida extrauterina y el ser bautizado, el haber nacido para Dios, per el firme sentido religioso de la época (lib. IV, tít. II, leyes 18 y 19); criterio reproducido en el Fuero Real, pero no repetido, en cuanto al bautismo, ni en las Partidas ni en la generalidad de los Fueros municipales. Las Leyes de Toro insisten en el nacimiento con vida, en las 24 horas de supervivencia mínima y en el requisito de ser bautizado.
    La prueba concluyente la constituye la inscripción en el Registro Civil, como antiguamente lo constituía, en los pueblos católicos, la anotación en los registros parroquiales, sistema subsistente hasta mediados del siglo xix en la mayoría de los países.
    El Cód. Civ. arg. es muy "vitalista", si cabe la expresión, en la prueba del nacimiento y en el reconocimiento de sus efectos jurídicos; noble actitud ante el fruto humano de la mujer. No sólo reconoce al concebido los derechos que le favorezcan, que se consolidan irrevocablemente si nace con vida, sino que establece expresamente que no tiene importancia que el nacimiento sea espontáneo o por operación quirúrgica (la cesárea como más típica). Tampoco importará que los nacidos con vida tengan imposibilidad de prolongarla, o que mueran después de nacer, por un vicio orgánico interno, o por nacer antes de tiempo" (arts. 70 a 72). "Repútase como cierto el nacimiento con vida, cuando las personas que asistieren al parto hubiesen oído la respiración o la voz de lo» nacidos, o hubiesen observado otros signos de vida (art. 73). Y remata consecuente su posición defensora de Ja vida y de Ja personalidad, her- manadas al sentar esta presunción: "En caso de duda, de si hubieran nacido o no con vida, se presume que nacieron vivos, incumbiendo Ja prueba al que alegare lo contrario" (art. 75). La única nota levemente contraria —pero lógica— a esa tendencia es considerar como si no hubieran existido a los que murieren antes de estar completamente separados del seno materno (art. 74).
    No son merecedoras de las mismas alabanzas las prohibiciones, en todos los casos, de los reconocimientos judiciales del embarazo y del parto, incluso a petición de la mujer o de su. marido (art. 78).
    En el título dedicado a la prueba del nacimiento, el cód. cit. declara la forma taxativa en que se demostrarán las circunstancias del día del nacimiento, del lugar, sexo, nombre, apellido, paternidad y maternidad del nuevo ser (art. 79): a) de los nacidos en la República, por certificados auténticos de los registros públicos o de los parroquiales; b) de los nacidos en alta mar, por copias de las actas que de tales accidentes (sic) extiendan los escribanos de los buques de guerra y el capitán o maestre de los mercantes; c) de los nacionales nacidos en país extranjero, por los certificados consulares, o por los documentos públicos hechos en el lugar y debidamente legalizados; d) de los extranjeros en el país de su nacionalidad o en otro país extranjero, de igual manera (arts. 80 a 83). Llevados en debida forma, se presume verdad lo anotado en tales registros; pero cabe otra prueba en contra, total o parcial, y también desconocer la identidad de la persona cuyo nacimiento conste (art. 86). La edad, e indirectamente el nacimiento, de no existir otra prueba, se determina por la fisonomía, a juicio de facultativos, nombrados por el juez para tal fin (art. 87).
    El Cód. Civ. esp. declara que los actos concernientes al estado civil de las personas, y en primer, término, por supuesto, el nacimiento, se harán constar en el Registro civil (arts. 325 y 326).
    A tenor de los arts. 36 y ss. de la Ley del Registro Civil arg. y de la análoga esp. de 1870 están obligados a hacer la denuncia del nacimiento, aunque a no a presentar al recién nacido (de lo cual se prescinde para evitarle riesgos tan grandes para él como una salida prematura del hogar), y dentro de un plazo de tres días: el padre, la madre, el pariente más próximo que se encontrase en el lugar del alumbramiento; el facultativo que asistiera a la madre o la partera, el jefe del establecimiento en que el nacimiento se haya producido, el que haya recogido al recién nacido, y el jefe de la casa de expósitos o el cabeza de familia en la casa en que haya sido abandonada la criatura. El orden no es imperativo ni preferente.
    Respecto a los requisitos de la inscripción, v. PARTIDA DE NACIMIENTO.
    •De nacimiento: indica que un defecto o enfermedad procede del primer momento de la vida o de la gestación, y que no se debe a accidente o propósito ulterior; como el ciego o el loco de nacimiento, para referirse a los que no han conocido ni la luz ni la lucidez en instante alguno de su existencia, (v. ABORTO. CONCEBIDO, EDAD, EMBRIÓN, FETO, HIJO, INFANTICIDIO, MADRE, MUERTE, NACIONALIDAD, PADRE, PERSONALIDAD, SUPOSICIÓN DE PARTO, VIDA, VIUDA ENCINTA.) (266, 1.371, 1.374, 1.378, 1.382, 1.385, 1.653, 1.690, 1.870, 2.571, 3.203, 3205, 5300.)
Tema: Derecho General, Enciclopedia Escolar, General, Que es

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Publicado el 5/06/2018.